“El rostro de un candidato político en una valla publicitaria” Bukowski

Relats

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No demasiadas resacas
No demasiadas peleas con mujeres
No demasiados neumáticos desinflados
Nunca pensó en el suicidio

No más de tres dolores de muelas
Nunca se saltó una comida
Nunca estuvo encarcelado
Nunca estuvo enamorado

7 pares de zapatos

un hijo en la universidad
un coche que no tiene más que un año
pólizas de seguros
un césped muy verde
cubos de basura con tapa hermética

seguro que le eligen.

Guerra

Relats

“Inexistiendo en franco retroceso”

de Joan Rodriguez

Siete de la mañana:”Piiiiiiiiiiiiiiiii”, un aparatito situado a mi lado empieza a dar la alarma. MI cama se ha convertido en una cama bomba, pero a pesar del susto yo ya estaba preparado. Ayer el cabecilla de un grupo terrorista hizo una llamada para avisar y reivindicar el atentado: “Mañana a las ocho, en el lugar de siempre”, y colgó.

Presto, salto antes de que estalle la cama, me visto desesperadamente, desayuno a toda leche y vuelo hacia la calle…, simples efectos colaterales.

Me dejo engullir por la ciudad y aunque nos bombardean me meto en un refugio subterráneo donde un militante terrorista me obliga a introducir una tarjetita en una máquina para entrar, técnicamente una “T-10 integrada”.

Al salir del refugio me introducen en un furgón que me llevará a un campo de concentración donde me obligan a realizar tareas que, sinceramente, no haría si no me coaccionaran, a hablar con gente con la que no quiero hablar e incluso me veo forzado a sonreír en situaciones espeluznantes. Es la guerra y voy perdiendo.
Al cabo de un rato se produce una tregua, pero mi situación de desventaja me deja poco espacio para la negociación y sólo puedo conseguir veinte minutos para engullir un bocadillo que me permitirá seguir con los trabajos forzados y continuar una batalla que veo perdida.

Tras sudorosas horas me dejan libre…, justicia infinita, o divina, ya no sé, quizá libertad duradera.

Miro la hora. Debo de apresurarme para comer veloz y recoger a mi hijo, me han avisado de que ha sido detenido por tener tres años, pero lo sueltan a las cinco y si no llego a tiempo será abandonado en medio de la calle.

Resoplo mientras corro, y pienso en qué crueles que son estos terroristas que ya no respetan ni a los niños. Milagrosamente logro llegar a tiempo, aunque después debo apresurarme para llegar a otro local- propiedad de esos locos integristas- donde me cambian el esfuerzo que realizo en el campo de concentración por alimentos y otros enseres que creo necesarios. Allí también estoy bajo sospecha y debo atravesar otra máquina por si, por error, se me ha caído algún producto en el bolsillo. Otro militante vigila.

Vuelvo sudoroso a casa asustado, cansado, y después de un tierno beso y una sonrisa cómplice, veo la mirada cansada y asustada de quien comparte conmigo, bajo el mismo techo, la misma guerra.

Mis piernas, como dos torres gemelas, se tambalean, y caigo en la cama destrozado, no sin antes haber recibido otro aviso de bomba, para mañana a las siete.